lunes, 30 de julio de 2012

El hombre extraño


Era extraño aquel hombre, o por tal lo tomaron,
porque besaba todo lo que hallaba a su paso.
Besaba a las personas, al perro, al mobiliario
y mordía dulcemente la ventana de un cuarto.

Cuando salía a la calle le iba besando al barrio las esquinas, aceras,
portales y mercados, y en las noches de cine (también las de teatro)
besaba su butaca y las de sus costados.

Por estas y otras muchas los cuerdos lo llevaron donde nadie lo viera,
donde no recordarlo, y cuentan que en su celda
besaba sus zapatos, su catre, sus barrotes, sus paredes de barro.

Un día sin aviso, murió aquel hombre extraño
 y muy naturalmente en tierra lo sembraron.
En ese mismo instante, desde el cielo, los pájaros
descubrieron que al mundo le habían nacido labios.

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