Cuerpo incomprensible, cuerpo penetrable y opaco, cuerpo abierto y cerrado, cuerpo utópico. Cuerpo absolutamente visible en un sentido. Sé muy bien lo que es ser observado por alguien de arriba abajo. Sé lo que es ser espiado por detrás, vigilado por encima del hombro, sorprendido cuando menos lo esperaba, sé lo que es estar desnudo. Y, no obstante, este mismo cuerpo que es tan visible, es retirado, es captado por una suerte de invisibilidad de la cual no me puedo desligar. Este cráneo, esta parte trasera de mi cráneo que puedo palpar con mis dedos, pero nunca ver. Esta espalda que siento apoyada contra el respaldo del sofá cuando estoy tumbado y que sólo sorprenderé con la artimaña de un espejo. Y qué es este hombro del cual conozco con precisión los movimientos y las posiciones pero que nunca sabré ver sin torcerme horriblemente. El cuerpo, fantasma que sólo aparece como un espejismo de los espejos, y, aún, de una manera fragmentaria. ¿Realmente necesito de los genios, de las hadas, de la muerte y del alma para ser a la vez indisolublemente visible e invisible?
Michel Foucault
domingo, 22 de marzo de 2015
jueves, 9 de mayo de 2013
Daga en sangre
Voy a caminar detrás del polvo que elevaste, para seguir tu camino y llegar a tu destino.
cuando te encuentre te tocare la cara, te besare eternamente y te diré lo siento,
abrazare te cuerpo y esperare por la leve caricia de tus manos,
por el suave beso de tus labios y por el tranquilo te amo de tu voz.
Cuando te tenga tomare una daga, la alzare con justa devoción,
le pediré al amor que me tenga en su presencia y que navegue por mi libro
y que escave en mis letras, rompa mis cadenas y exponga mi tal vez sueño nombrado fantasía.
Alzare la daga y la introducire en mi pecho con tal fuerza que mis ganas se desarmen, mis parpados caigan y mis manos débiles se mueran, esperando que mi cuerpo se vuelva polvo para volar junto al tuyo, mezclarnos como un amor puro e intercambiar besos en el briznar de la lluvia y el correr del viento. esperando que del fuerte grito de mi sentimiento en el eco profundo del tiempo, en el movimiento bellos de una flor, en el romántico encuentro de la luna con el sol y en el intenso morir del ocaso
Willian Efrain Renneberg
10/05/2010
lunes, 6 de mayo de 2013
Si fueras canción
Si fueras canción
tu métrica sería tan fina
cada peca , inspiraría una nota
Ay de mi si fueras canción
no serias un triste son
ni un crudo grunge
casi un solemne bolero
serias un himno
hecha canción
Una adoración de los poetas
que suavemente te deslizas
por oídos elegantes
en corazones proxenetas
un delicado hilo
inundado de melodía sensual
de arte conceptual
de estoico su brillo
serias exquisita
abrupta, estremecedora
para danzarte noche completa
envuelta en la penumbra
serias tan rica en composición
elegante y soñadora
bandida, traidora
el anhelo de un escritor
Ay de mi si fueras canción
y si lo eres ten piedad
de mi invento loco , malhechor
de tu miedo absurdo y tentación
Déjame corroborarte impunemente
déjame hacerte canción
después abandóname en tu ira
enamórate de algún duende
Pues si te hiciera canción
Mía seria tu voluntad
Sabría cualquier verdad
Fiel dueño absoluto de tu pasión
de S. Ondategui
miércoles, 20 de marzo de 2013
Quedándote o yéndote
Y deberás plantar
y ver así a la flor nacer
y deberás crear
si quieres ver a tu tierra en paz
el sol empuja con su luz
el cielo brilla renovando la vida
y deberás amar
amar, amar hasta morir
y deberás crecer
sabiendo reír y llorar
la lluvia borra la maldad
y lava todas las heridas de tu alma
de tí saldrá la luz
tan sólo así serás feliz
y deberás luchar
si quieres descubrir la fe
la lluvia borra la maldad
y lava todas las heridas de tu alma
este agua lleva en sí
la fuerza del fuego
la voz que responde por tí
por mí...
y esto será siempre así
quedándote o yéndote.
Espinetta Luis
martes, 2 de octubre de 2012
Casa tomada
Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las
casas antiguas sucumben a la mas ventajosa liquidación de sus materiales)
guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros
padres y toda la infancia.
Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una
locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la
limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le
dejaba a Irene las ultimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina.
Almorzábamos al mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera
de unos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa
profunda y silenciosa y como nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces
llegábamos a creer que era ella la que no nos dejo casarnos. Irene rechazo dos
pretendientes sin mayor motivo, a mi se me murió María Esther antes que
llegáramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada
idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era
necesaria clausura de la genealogía asentada por nuestros bisabuelos en nuestra
casa. Nos moriríamos allí algún día, vagos y esquivos primos se quedarían con
la casa y la echarían al suelo para enriquecerse con el terreno y los
ladrillos; o mejor, nosotros mismos la voltearíamos justicieramente antes de
que fuese demasiado tarde.
Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su
actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su
dormitorio. No se porque tejía tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han
encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era así,
tejía cosas siempre necesarias, tricotas para el invierno, medias para mi, mañanitas
y chalecos para ella. A veces tejía un chaleco y después lo destejía en un
momento porque algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla el montón
de lana encrespada resistiéndose a perder su forma de algunas horas. Los
sábados iba yo al centro a comprarle lana; Irene tenía fe en mi gusto, se
complacía con los colores y nunca tuve que devolver madejas. Yo aprovechaba
esas salidas para dar una vuelta por las librerías y preguntar vanamente si
había novedades en literatura francesa. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la
Argentina. Pero es de la casa que me interesa hablar, de la casa y de Irene,
porque yo no tengo importancia. Me pregunto qué hubiera hecho Irene sin el
tejido. Uno puede releer un libro, pero cuando un pullover está terminado no se
puede repetirlo sin escándalo. Un día encontré el cajón de abajo de la cómoda
de alcanfor lleno de pañoletas blancas, verdes, lila. Estaban con naftalina,
apiladas como en una mercería; no tuve valor para preguntarle a Irene que
pensaba hacer con ellas. No necesitábamos ganarnos la vida, todos los meses
llegaba plata de los campos y el dinero aumentaba. Pero a Irene solamente la
entretenía el tejido, mostraba una destreza maravillosa y a mi se me iban las
horas viéndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o
dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente los ovillos. Era
hermoso.
Cómo no acordarme de la distribución de la casa. El comedor, una sala
con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte
mas retirada, la que mira hacia Rodríguez Peña. Solamente un pasillo con su
maciza puerta de roble aislaba esa parte del ala delantera donde había un baño,
la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual comunicaban los
dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zaguán con mayólica, y la
puerta cancel daba al living. De manera que uno entraba por el zaguán, abría la
cancel y pasaba al living; tenía a los lados las puertas de nuestros
dormitorios, y al frente el pasillo que conducía a la parte mas retirada;
avanzando por el pasillo se franqueaba la puerta de roble y mas allá empezaba
el otro lado de la casa, o bien se podía girar a la izquierda justamente antes
de la puerta y seguir por un pasillo mas estrecho que llevaba a la cocina y el
baño. Cuando la puerta estaba abierta advertía uno que la casa era muy grande;
si no, daba la impresión de un departamento de los que se edifican ahora,
apenas para moverse; Irene y yo vivíamos siempre en esta parte de la casa, casi
nunca íbamos más allá de la puerta de roble, salvo para hacer la limpieza, pues
es increíble como se junta tierra en los muebles. Buenos Aires será una ciudad
limpia, pero eso lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay demasiada
tierra en el aire, apenas sopla una ráfaga se palpa el polvo en los mármoles de
las consolas y entre los rombos de las carpetas de macramé; da trabajo sacarlo
bien con plumero, vuela y se suspende en el aire, un momento después se
deposita de nuevo en los muebles y los pianos.
Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin
circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho
de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui
por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta
al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o en la
biblioteca. El sonido venia impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre
la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo
o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas
hasta la puerta. Me tire contra la pared antes de que fuera demasiado tarde, la
cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro
lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.
Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la
bandeja del mate le dije a Irene:
-Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado parte del fondo.
Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados.
-¿Estás seguro?
Asentí.
-Entonces -dijo recogiendo las agujas- tendremos que vivir en este
lado.
Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tardó un rato en
reanudar su labor. Me acuerdo que me tejía un chaleco gris; a mi me gustaba ese
chaleco.
Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en
la parte tomada muchas cosas que queríamos. Mis libros de literatura francesa,
por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene pensó en una botella de
Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los
primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con
tristeza.
-No está aquí.
Y era una cosa mas de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la
casa.
Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aun
levantándose tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, no daban las once y ya
estábamos de brazos cruzados. Irene se acostumbró a ir conmigo a la cocina y
ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien, y se decidió esto: mientras
yo preparaba el almuerza, Irene cocinaría platos para comer fríos de noche. Nos
alegramos porque siempre resultaba molesto tener que abandonar los dormitorios
al atardecer y ponerse a cocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el
dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre.
Irene estaba contenta porque le quedaba mas tiempo para tejer. Yo
andaba un poco perdido a causa de los libros, pero por no afligir a mi hermana
me puse a revisar la colección de estampillas de papa, y eso me sirvió para
matar el tiempo. Nos divertíamos mucho, cada uno en sus cosas, casi siempre
reunidos en el dormitorio de Irene que era más cómodo. A veces Irene decía:
-Fijate este punto que se me ha ocurrido. ¿No da un dibujo de trébol?
Un rato después era yo el que le ponía ante los ojos un cuadradito de
papel para que viese el mérito de algún sello de Eupen y Malmédy. Estábamos
bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.
(Cuando Irene soñaba en alta voz yo me desvelaba en seguida. Nunca
pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sueños y
no de la garganta. Irene decía que mis sueños consistían en grandes sacudones
que a veces hacían caer el cobertor. Nuestros dormitorios tenían el living de
por medio, pero de noche se escuchaba cualquier cosa en la casa. Nos oíamos
respirar, toser, presentíamos el ademán que conduce a la llave del velador, los
mutuos y frecuentes insomnios.
Aparte de eso todo estaba callado en la casa. De día eran los rumores
domésticos, el roce metálico de las agujas de tejer, un crujido al pasar las
hojas del álbum filatélico. La puerta de roble, creo haberlo dicho, era maciza.
En la cocina y el baño, que quedaban tocando la parte tomada, nos poníamos a
hablar en vos mas alta o Irene cantaba canciones de cuna. En una cocina hay
demasiados ruidos de loza y vidrios para que otros sonidos irrumpan en ella.
Muy pocas veces permitíamos allí el silencio, pero cuando tornábamos a los
dormitorios y al living, entonces la casa se ponía callada y a media luz, hasta
pisábamos despacio para no molestarnos. Yo creo que era por eso que de noche,
cuando Irene empezaba a soñar en alta voz, me desvelaba en seguida.)
Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed,
y antes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un
vaso de agua. Desde la puerta del dormitorio (ella tejía) oí ruido en la
cocina; tal vez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del pasillo
apagaba el sonido. A Irene le llamo la atención mi brusca manera de detenerme,
y vino a mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando
claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y el baño,
o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.
No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr
conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían
mas fuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la
cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.
-Han tomado esta parte -dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos
y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los
ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.
-¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? -le pregunté inútilmente.
-No, nada.
Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el
armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.
Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche.
Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y
salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta
de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que algún pobre diablo
se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.
lunes, 30 de julio de 2012
El hombre extraño
Era extraño
aquel hombre, o por tal lo
tomaron,
porque
besaba todo lo que
hallaba a su paso.
Besaba a las
personas, al perro, al
mobiliario
y mordía
dulcemente la ventana
de un cuarto.
Cuando salía
a la calle le iba
besando al barrio las
esquinas, aceras,
portales y
mercados, y en las
noches de cine (también las
de teatro)
besaba su
butaca y las de sus
costados.
Por estas y
otras muchas los cuerdos
lo llevaron donde nadie
lo viera,
donde no
recordarlo, y cuentan
que en su celda
besaba sus
zapatos, su catre,
sus barrotes, sus paredes
de barro.
Un día sin
aviso, murió aquel
hombre extraño
y muy
naturalmente en tierra lo
sembraron.
En ese mismo
instante, desde el
cielo, los pájaros
descubrieron
que al mundo le habían
nacido labios.
miércoles, 20 de junio de 2012
La Mosca que soñaba que era un Águila
Había una vez una mosca que todas las noches soñaba que era
un Águila y que se encontraba volando por los Alpes y por los Andes.
En los
primeros momentos esto la volvía loca de felicidad; pero pasado un tiempo le
causaba una sensación de angustia, pues hallaba las alas demasiado grandes, el
cuerpo demasiado pesado, el pico demasiado duro y las garras demasiado fuertes;
bueno que todo ese gran aparato le impedía posarse a gusto sobre los ricos
pasteles o sobre las inmundicias humanas, así como surgir a conciencia dándose
topes contra los vidrios de su cuarto.
En realidad no quería andar en las
grandes alturas, o en los espa-cios libres, ni mucho menos. Pero cuando volvía
en sí lamentaba con toda el alma no ser un Águila para remontar montañas, y se
sentía tristísima de ser una Mosca, y por eso volaba tanto, y estaba tan
inquieta, y daba tantas vueltas, hasta que lentamente, por la noche, volvía a
poner las sienes en la almohada.
De Monterroso Augusto.
martes, 15 de mayo de 2012
Hombre preso que mira a su hijo
Cuando era como vos me enseñaron los viejos
y también las maestras bondadosas y miopes
que libertad o muerte era una redundancia
a quien se le ocurriría en un país
donde los presidentes andaban sin capangas
que la patria o la tumba era otro pleonasmo
ya que la patria funcionaba bien
en las canchas y en los pastoreos
realmente no sabían un corno
pobrecitos creían que libertad
era tan solo una palabra aguda
que muerte era tan solo grave o llana
y cárceles por suerte una palabra esdrújula
olvidaban poner el acento en el hombre
la culpa no era exactamente de ellos
sino de otros mas duros y siniestros
y estos si
como nos ensartaron
en la limpia república verbal
como idealizaron
la vidurria de vacas y estancieros
y como nos vendieron un ejército
que tomaba su mate en los cuarteles
uno no siempre hace lo que quiere
uno no siempre puede
por eso estoy aquí
mirándote y echándote
de menos
por eso es que no puedo despeinarte el jopo
ni ayudarte con la tabla del nueve
ni acribillarte a pelotazos
vos ya sabes que tuve que elegir otros juegos
y que los jugué en serio
y jugué por ejemplo a los ladrones
y los ladrones eran policías
y jugué por ejemplo a la escondida
y si te descubrían te mataban
y jugué a la mancha
y era de sangre
botija aunque tengas pocos años
creo que hay que decirte la verdad
para que no la olvides
por eso no te oculto que me dieron picana
que casi me revientan los riñones
todas estas llagas hinchazones y heridas
que tus ojos redondos
miran hipnotizados
son durísimos golpes
son botas en la cara
demasiado dolor para que te lo oculte
demasiado suplicio para que se me borre
pero también es bueno que conozcas
que tu viejo callo
o puteo como un loco
que es una linda forma de callar
que tu viejo olvido todos los números
(por eso no podría ayudarte en las tablas)
y por lo tanto todos los teléfonos
y las calles y el color de los ojos
y los cabellos y las cicatrices
y en que esquina
en que bar
que parada
que casa
y acordarse de vos
de tu carita
lo ayudaba a callar
una cosa es morirse de dolor
y otra cosa es morirse de vergüenza
por eso ahora
me podes preguntar
y sobre todo
puedo yo responder
uno no siempre hace lo que quiere
pero tiene el derecho de no hacer
lo que no quiere
llora nomás botija
son macanas
que los hombres no lloran
aquí lloramos todos
gritamos berreamos moqueamos chillamos
maldecimos
porque es mejor llorar que traicionar
porque es mejor llorar que traicionarse
llora
pero no olvides.
lunes, 7 de mayo de 2012
Metamorfosis
Y en este teatro de la vida me encuentro, a oscuras, en silencio y creo que en soledad...se prende un reflector que apunta a mi, si, como lo esperaba, estoy solo, lo cercioro al girar a uno y otro lado...estoy en la mitad del escenario, en soledad, en silencio, miro arriba, me pesa la ropa, empiezo a rasgar las mangas, las telas que se disuelven en el olvido, me quedo desnudo y me pesa el cuerpo; me arranco partes de la piel que se evaporan y se hacen viento que no existe antes de caer al suelo que nos condena a existir. Y grito intensamente...grito que me despedaza, soy de cristal, soy frágil...empiezan a caer pedacitos de mi al piso, y esos pedacitos se rompen de poco a poco, y caigo y caigo y no existen más que esos pedazos, pedazos de ira, de rabia y de melancolía...melancolía que duele, melancolía que se vuelve liquido, me vuelvo liquido, soy melancolía en lágrimas, lagrimas de rio, rio que se unen y se vuelven en un mar de tristezas, mar de lágrimas, mar de rios, mar de mi, el mar lucha en olas, olas que se despedazan la una a la otra, olas que se mezclan y se vuelven formas...forma de un bebé, bebé de ilusiones rotas y tristezas, de guerras perdidas antes de luchar, bebé con la mirada de un anciano nostálgico, anciano que aprendió a decir su primera palabra: sálvame.
Billie Jean Madera Garcia
lunes, 9 de abril de 2012
La marioneta
Si por un
instante Dios se olvidara
de que soy
una marioneta de trapo
y me
regalara un trozo de vida,
posiblemente
no diría todo lo que pienso,
pero en
definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor
a las cosas, no por lo que valen,
sino por lo
que significan.
Dormiría
poco, soñaría más,
entiendo que
por cada minuto que cerramos los ojos,
perdemos
sesenta segundos de luz.
Andaría
cuando los demás se detienen,
Despertaría
cuando los demás duermen.
Escucharía
cuando los demás hablan,
y cómo
disfrutaría de un buen helado de chocolate.
Si Dios me
obsequiara un trozo de vida,
Vestiría
sencillo, me tiraría de bruces al sol,
dejando
descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma.
Dios mío, si
yo tuviera un corazón,
escribiría
mi odio sobre hielo,
y esperaría
a que saliera el sol.
Pintaría con
un sueño de Van Gogh
sobre las
estrellas un poema de Benedetti,
y una
canción de Serrat sería la serenata
que les
ofrecería a la luna.
Regaría con
lágrimas las rosas,
para sentir
el dolor de sus espinas,
y el
encarnado beso de sus pétalo...
Dios mío, si
yo tuviera un trozo de vida...
No dejaría
pasar un solo día
sin decirle
a la gente que quiero, que la quiero.
Convencería
a cada mujer u hombre de que son mis favoritos
y viviría
enamorado del amor.
A los
hombres les probaría cuán equivocados están,
al pensar
que dejan de enamorarse cuando envejecen,
sin saber
que envejecen cuando dejan de enamorarse.
A un niño le
daría alas,
pero le
dejaría que él solo aprendiese a volar.
A los viejos
les enseñaría que la muerte
no llega con
la vejez sino con el olvido.
Tantas cosas
he aprendido de ustedes, los hombres
He aprendido
que todo el mundo quiere vivir
en la cima
de la montaña,
Sin saber
que la verdadera felicidad está
en la forma
de subir la escarpada.
He aprendido
que cuando un recién nacido
aprieta con
su pequeño puño,
por vez
primera, el dedo de su padre,
lo tiene
atrapado por siempre.
He aprendido
que un hombre
sólo tiene
derecho a mirar a otro hacia abajo,
cuando ha de
ayudarle a levantarse.
Son tantas
cosas las que he podido aprender de ustedes,
pero
realmente de mucho no habrán de servir,
porque
cuando me guarden dentro de esa maleta,
infelizmente
me estaré muriendo.
domingo, 18 de marzo de 2012
Recreación Infantil
Eres como el
sol tan brillante y turbador,
Como esa
rosa que al olerla se adora
Estas en las
nubes y en las letras de mis canciones,
Haciendo que
ame mis acciones
Utilizando
la luna de mi atrapasueños,
Viviendo
como pequeños niños.
En un eterno
romance
Que parece
un trance
Escuchando
las campanas,
Y tomando un
jugo de manzanas.
Sin zapatos
que me aten a tus cabellos
Recordando
mis juegos de ensueños,
En los
cuales dibujaba tus labios
Simulando la
sonrisa de un dios,
Sintiéndome
un poco ausente
Aunque
estando presenté.
Nos
sumergimos en esa eternidad
De las
sonrisas y la amistad
Oliendo
jazmines,
Que estarán
para mirarlos siempre.
De luna turquesa
viernes, 16 de marzo de 2012
Certificado de existencia
Ah ¿quién me salvara de
existir?
Fernando Pessoa
Dijo el fulano presuntuoso /
hoy en el consulado obtuve
el habitual
certificado de existencia
consta aquí que estoy vivo
de manera que basta de
calumnias
este papel soberbio /
irrefutable
atestigua que existo
si me enfrento al espejo
y mi rostro no está
aguantaré sereno
despejado
¿no llevo acaso en la
cartera
mi recién adquirido
mi flamante
certificado de existencia?
vivir / después de todo
no es tan fundamental
lo importante es que alguien
debidamente autorizado
certifique que uno
probadamente existe
cuando abro el diario y leo
mi propia necrológica
me apena que no sepan
qu estoy en condiciones
de mostrar dondequiera
y a quien sea
un vigente prolijo y
minucioso
certificado de existencia
existo
luego pienso
¿cuántos zutanos andan por
la calle
creyendo que están vivos
cuando en rigor carecen del
genuino
irremplazable
soberano
certificado de existencia?
lunes, 12 de marzo de 2012
Sube a nacer conmigo hermano.
Dame la mano desde la profunda zona de tu dolor diseminado.
No volverás del fondo de las rocas. No volverás del tiempo subterráneo.
No volverá tu voz endurecida. No volverán tus ojos taladrados.
Mírame desde el fondo de la tierra, labrador, tejedor, pastor callado:
domador de guanacos tutelares: albañil del andamio desafiado:
aguador de las lágrimas andinas: joyero de los dedos machacados:
agricultor temblando en la semilla: alfarero en tu greda derramado:
traed a la copa de esta nueva vida vuestros viejos dolores enterrados.
Mostradme vuestra sangre y vuestro surco, decidme: aquí fui castigado,
porque la joya no brilló o la tierra no entregó a tiempo la piedra o el grano:
señaladme la piedra en que caísteis y la madera en que os crucificaron,
encendedme los viejos pedernales, las viejas lámparas, los látigos pegados
a través de los siglos en las llagas y las hachas de brillo ensangrentado.
Yo vengo a hablar por vuestra boca muerta.
A través de la tierra juntad todos los silenciosos labios derramados
y desde el fondo habladme toda esta larga noche como si yo estuviera con vosotros anclado,
contadme todo, cadena a cadena, eslabón a eslabón, y paso a paso.
Afilad los cuchillos que guardasteis, ponedlos en mi pecho y en mi mano,
como un río de rayos amarillos, como un río de tigres enterrados,
y dejadme llorar, horas, días, años, edades ciegas, siglos estelares.
Dadme el silencio, el agua, la esperanza.
Dadme la lucha, el hierro, los volcanes.
Apegadme los cuerpos como imanes.
Acudid a mis venas y a mi boca.
Hablad por mis palabras y mi sangre.
sábado, 25 de febrero de 2012
Mujer
Muchas personas me consideran feminista, pero me encuentro en la línea de la equidad de género, defender la dignidad y el valor que tenemos como seres humanos .
desafortunadamente vivimos en una sociedad marcada por un sistema de dominación machista que instaló en nuestros genes y nos persigue a lo largo de las generaciones mutando según el contexto y causando de un modo directo o ignorado denigración y afectando a las mujeres, ya no considerándose un género debil pero si vulnerable. se trata de considerarnos ambos géneros complementarios que pertenecemos a una especie que debe permanecer y ayudarse.
aun asi comparto esta publicación por las luchas y la resistencia del género femenino
Así que quise, regalarme y regalarles unas cuantas flores a aquellas mujeres, que han sido agredidas por esta sociedad que apenas se desintoxica del patriarcado y esta en un proceso de comprender que ambos géneros podemos ser iguales en dignidad y valor.
desafortunadamente vivimos en una sociedad marcada por un sistema de dominación machista que instaló en nuestros genes y nos persigue a lo largo de las generaciones mutando según el contexto y causando de un modo directo o ignorado denigración y afectando a las mujeres, ya no considerándose un género debil pero si vulnerable. se trata de considerarnos ambos géneros complementarios que pertenecemos a una especie que debe permanecer y ayudarse.
aun asi comparto esta publicación por las luchas y la resistencia del género femenino
Así que quise, regalarme y regalarles unas cuantas flores a aquellas mujeres, que han sido agredidas por esta sociedad que apenas se desintoxica del patriarcado y esta en un proceso de comprender que ambos géneros podemos ser iguales en dignidad y valor.
Mujer, de la cantautora Mexicana, Amparo Ochoa.
Mujer si te han crecido las ideas, de ti van a decir cosas muy feas que, que no eres buena, que si tal cosa, que cuando callas te ves mucho más hermosa
Mujer, espiga abierta entre pañales, cadena de eslabones ancestrales,
ovario fuerte, di lo que vales,
la vida empieza donde todos son iguales ,
Angela Jean, o antes Manuela mañana es tarde y el tiempo apremia
Mujer si te han crecido las ideas de ti van a decir cositas muy feas
cuando no quieras ser incubadora dirán. No sirven estas mujeres de ahora
Mujer, semilla fruto, flor camino pensar es altamente femenino hay,
hay en tu pecho dos, dos manantiales
fusiles flancos¡, y no anuncios comerciales
Angela Jean, o antes Manuela,
mañana es tarde y el tiempo apremia Angela Jean,
o antes Manuela mañana es tarde y el tiempo apremia, te digo mañana es tarde,
te digo que el tiempo apremia, te digo mujer que es tarde,
oye el tiempo apremia, Angela Jean o antes manuela.
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